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Jun
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Zen y té, De Bodhidharma a nuestros días.

Un día Buda iba a predicar sobre el Dharma.

Acudieron miles de personas y cuando Buda apareció llevaba una flor en la mano.El Buda no dijo nada, simplemente levantó la flor. El tiempo pasó pero Buda no dijo nada. Simplemente miraba la flor y la giraba entre sus dedos. La multitud se impacientaba y Mahakashyapa sonrió. De todos los allí congregados sólo un discípulo entendió: Mahakashyapa, que sonrió. Buda le hizo señas para que se acercara, le entregó la flor y le dijo a la multitud: “Tengo el ojo de la verdadera enseñanza. Todo lo que puede darse con palabras ya os lo he dado; pero con esta flor, le doy a Mahakashyapa la llave de esta enseñanza”. Así comenzó el Zen. Más allá de las palabras.

Un día que Bodhidharma estaba meditando.

Lo invadió el sueño, sus ojos se cerraron y se durmió, al despertar, sintió tanta irritación, por su propia falta, que para evitar dormirse durante la meditación, se cortó los párpados y los arrojo y allí donde éstos cayeron creció un arbusto florido con hojas verdes, al probarlo, Damo vio como su cansancio desaparecía y se sentía maravillosamente despierto.

Nació la primera planta del té.

Es así que el té goza de gran popularidad en oriente entre los monjes. También ésta es la razón por la que se suele representar a Bodhidharma con los ojos saltones y carentes de párpados.

Otro monje japonés llamado Eisai fue el primero en visitar China. De vuelta a Japón, en 1191 trajo consigo  semillas de té y las enseñanzas del budismo Zen.

El consumo del té y las creencias budistas evolucionaron de manera paralela y los japoneses desarrollaron una ceremonia compleja y única.

Hasta la fecha, la ceremonia japonesa del té, Cha-no-yu, implica un modelo definido de comportamiento diseñado para crear un silencioso interludio durante el cual el anfitrión y los huéspedes tratan de revitalizarse espiritualmente y alcanzar la armonía con el universo.

La ceremonia del té capta los elementos esenciales de la belleza artística y de la filosofía zen. Combina cuatro ideas básicas: la armonía con las personas y con la naturaleza, el respeto por los demás, la pureza de corazón y espíritu, así como la tranquilidad. La ceremonia, suele celebrarse en una habitación o lugar especial destinado a tal efecto, o en lo que se conoce como una “casa del té”.

En los patios del Priorato, servir el té ya es una ceremonia en si misma, que se realiza ante un abanico de disciplinas que se mueven en la casa, en un entorno armónico, en consonancia con la naturaleza, como esencia en la ceremonia de beber té.

A partir de primeros de julio, se abrirá el patio del  Kwon a un número limitado de visitantes para disfrutar de esta simple y enriquecedora mejora de las relaciones humanas.

Para mas info ponerse en contacto con el Priorato


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