Archivo para 16/05/11

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TAI CHI CHUAN – ORÍGENES, www.chanwuwei.es

Cuando hablamos del Tai chi chuan, no podemos hablar solamente de un tai chi terapéutico, un taichi espiritual o un taichi marcial, ya que todas ellas son parcelas que no pueden ir por separado. Si lo hiciéramos reduciríamos este arte milenario a unos conceptos muy limitados.
Existen diferentes estilos de Tai chi chuan pero el estilo inicial del que parten todos los demás es el estilo creado en la aldea de Chen Chia Kou, poblado situado muy cerca de donde se ubicó el monasterio de Shaolin, en la provincia de Henan.
Observando algunos movimientos de las formas antiguas de este estilo y las de algunos estilos practicados en Shaolin, sus similitudes son innegables.

El sistema de lucha de la familia Chen se remontaría a Chan Wang Ting (1600-1680), novena generación de descendientes del clan Chen, general que se retiró al caer la dinastía Ming, y vivió en la provincia de Henan.
Llegó a sus manos a través del general Chi Chi Kuang (1368-1644) un libro de boxeo que contenía 32 movimientos.
El general Chi Chi Kuang, conocedor de 16 estilos de lucha, compiló las técnicas que él consideró más importantes y escribió este libro donde pone de manifiesto los orígenes marciales de los movimientos del tai chi.
La familia Chen, a partir de este libro creó el estilo Chen, estilo compuesto por 108 posturas, y se caracterizaba por sus movimientos rápidos y golpes potentes y vigorosos.
  La casa Chen, por tradición, transmitía sus conocimientos de generación en generación. Según la leyenda, uno de sus sirvientes, a hurtadillas, logró seguir los entrenamientos a riesgo de perder su vida. Pero llegó el día en que fue descubierto. El patriarca de la familia Chen, tras interrogar a este sirviente llamado Yang, le obligó a que demostrara lo que había aprendido y al ver su destreza quedó tan sorprendido que le perdonó la vida y a partir de este hecho, surgió otro estilo de Tai chi chuan, el estilo Yang.

Echando la vista atrás y analizando el tipo de vida en China en torno al año 1700, nos encontramos en una época de supervivencia de las familias frente a las guerras, saqueos, forajidos… lo que nos hace comprender con mayor facilidad el desarrollo de las artes marciales entre la población.
En cuanto a los orígenes del taichi hay, como podemos ver, muchas teorías y quizás nunca se llegue a saber exactamente su origen, pero tirando del hilo, vemos que nos remontamos a tiempos muy lejanos.
 Otra de las leyendas sobre los orígenes del Tai chi chuan nos lleva al monje taoísta Zhang San Feng quien nació en el 1247 , durante la dinastía Song.
Este monje vivó en la Montaña Wudang, experto conocedor de la medicina china y con grandes aptitudes para las artes marciales. Dedicó su vida a curar las enfermedades de la gente del pueblo y se dice que fue la persona responsable de sintetizar el boxeo para la gente común aplicando la metodología interna y los principios de la filosofía Taoísta
 Pero todo esto queda en el aire, se toma como leyenda ya que no hay muchos datos que aseguren la existencia de Zhang San Feng, no hay seguridad de que este personaje fuera real o simplemente un mito forjado con el paso de los años.
Según la leyenda, Zhan San Feng, sentado a los pies de la Montaña Wudang, se inspiró observando el combate entre una grulla y una serpiente para crear el tai chi chuan.

Tomando esta teoría del combate entre estos dos animales, quizás deberíamos ver en ello la metáfora del combate entre dos elementos de la naturaleza.
El Tai chi chuan es un sistema de defensa personal desarrollado dentro de la filosofía taoísta que ayuda a comprender las distintas técnicas marciales incluidas en él y el desarrollo de nuestras sensibilidades relacionadas con nuestra percepción de las energías del entorno.
 Nos referimos a las energías entre el cielo, la tierra y el hombre mediante la fusión de la mente y el cuerpo.
Buscamos el equilibrio entre mente y cuerpo. Lo que pensamos o hacemos incide en el estado de nuestros órganos internos y viceversa, el estado de nuestros órganos incide en lo que pensamos y hacemos.
En nuestra práctica buscamos el equilibrio. Movemos el cuerpo, la mente y la respiración a un ritmo, buscando un equilibrio entre mente y cuerpo.
Entender y comprender es muy diferente a sentir y lo que buscamos con nuestro trabajo, a veces marcial, a veces espiritual, a veces filosófico, es sentir nuestro centro, nuestra relación con el universo y las energías que interactúan.
Para la comprensión de todo ello no vale comprender, sino sentir, y para ello es indispensable una práctica continuada, perseverante e intensa.



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